Vivir en España y ser seguidora de series estadounidenses que se emiten allí es una putada, con perdón. Y es que si ya aquí es difícil que una serie cuaje entre el público, ya sea por motivos propios de la serie o por motivos ajenos a ella (principalmente relacionados con su ubicación en la parrilla de programación de la cadena en cuestión), que lo haga en Estados Unidos lo es más aún. Allí hay más series, más espectadores, más cadenas, más de todo. Por haber, hay hasta diferencia horaria entre las dos costas del país. Pa' que os hagáis una idea.
Yo soy una de tantos españoles que seguimos una o varias series americanas a través de Internet (la mayoría no se emiten aquí, y las que lo hacen se emiten en canales "secundarios" de la TDT sufriendo tantos cambios de horario y de día que necesitaría otra vida para aprendérmelos). Además, así tenemos la oportunidad de, si queremos, verlas en versión original subtitulada, lo cual viene bien para hacernos un poquito el oído al idioma anglosajón -parece postureo, pero no lo es. Pero -y aquí viene el problema-, al hacer esto corro el riesgo de engancharme a una serie que luego, por avatares de la vida, o más concretamente por índices de audiencia bajísimos, termine siendo cancelada. Y cuando eso pasa, se me queda cara de tonta pensando "Joé, qué coraje, pues a mi me gustaba", mientras me pregunto qué he hecho yo para merecer un público americano con gustos tan diferentes muchas veces a los míos.
Este último es el caso de Smash, una serie de la NBC -producida por Steven Spielberg, ahí es nada- que tiene todos los ingredientes para que a mí me encante, pero que sin embargo no ha tenido el mismo efecto en el público estadounidense. Recuerdo que cuando vi su trailer, decidí que le daría una oportunidad sólo por el hecho de ser musical. Y es que a mi me encanta todo contenido televisivo o cinematográfico de carácter musical. Considero que es una dificultad añadida que, bien llevada, hace que dicho contenido tenga aún más mérito. Además, en lo que a series de televisión se refiere -actuales, quiero decir- sólo se me ocurre Glee, la cual habrá sido nominada y ganadora de premios tan importantes como los Globos de Oro o los Emmys respectivamente, pero bajo mi punto de vista es una serie bastante regularcita. De hecho no sé ni por qué la veo, pero bueno, esa es otra historia.
![]() |
| Imagen promocional de la primera temporada de Smash |
Pero Smash no se limitaba a ser una serie en la que sus protagonistas cantan canciones, sino que era más ambiciosa: trataría sobre cómo se crea un musical de la nada, y sobre las rosas y las espinas que se encuentra en su camino hacia Broadway, y nada más y nada menos que un musical basado en la vida de Marilyn Monroe. Me pareció muy interesante, ya que la trastienda de Broadway nos pilla a los españoles muy lejos. Aquí tenemos nuestra Gran Vía madrileña, pero no creo que tenga mucho que ver con todo lo que hay tras los grandes espectáculos que se ofrecen durante años en los teatros de la famosa avenida neoyorquina (¡ojo! sin desmerecer lo que se hace en España, ni muchísimo menos, pero al igual que en el cine, es otra forma de hacer las cosas la que tienen allí). ¿Serie musical ambientada en Nueva York con Broadway como telón de fondo? Primer punto a favor.
A lo largo de la primera temporada, vimos la competitividad entre las dos candidatas a encarnar a Marilyn desde los primeros castings -interpretadas por dos grandes cantantes como Katharine McPhee, segunda ganadora del American Idol de 2006 y con disco en el mercado, y Megan Hilty, actriz de musicales como Wicked-, los innumerables cambios que se van haciendo en el libreto conforme avanza el proyecto, un amplio repertorio de canciones -originales en su mayoría, las que componen el musical-, puestas en escena cuidadas, y coreografías más propias de un musical real que de una serie de televisión. Todo esto sumado a numerosas tramas personales de los personajes -que son muchos, al ser una serie muy coral- que pueden gustar unas más y otras menos, pero que ahí están, aportando el toque melodramático que suele atraer a la gente, con rencillas internas, infidelidades, egocentrismo propio de las divas del espectáculo, ambición y ansias de fama y éxito a cualquier precio. Así que, para mi alegría, fue renovada para una segunda temporada.
| Karen Cartwright (Katharine McPhee) y Ivy Lynn (Megan Hilty) en una escena de Smash |
Pero algo empezó a fallar. No para mi gusto, pero sí para el impredecible público estadounidense. No sé si la temática aburrió, si las tramas entre personajes produjeron desinterés, o si fueron cuestiones relacionadas con su emisión las que dieron pie al comienzo de su declive. Y con esto último me refiero a dos factores: el primero es que, según he leído, en la primera temporada iba precedida del reality The Voice, que aquí conocemos por La Voz, por lo que recogía gran parte de la audiencia de éste, circunstancia que cambió en la segunda temporada. Y el segundo es que sin que responda a una razón lógica, su segunda temporada se estrenó en lo que se denomina "midseason" o media temporada -entre enero y abril-, y no en la "fall schedule" o programación de otoño -de septiembre a mayo-, que es la titular, pudiendo ser esta una razón de que muchos de sus seguidores iniciales se olvidaran de la serie.
El caso es que su audiencia empezó a descender, hasta llegar a su situación actual: su supervivencia pende de un hilo. Como muestra evidente de esto, ha sido reubicada los sábados, lo que equivale a sentenciarla de muerte (¿quién se queda en casa un sábado para ver una serie en la tele?). La segunda temporada volvió retomando Bombshell -nombre del musical en el que se centra la serie, traducido al español como La Sensación-, eliminó personajes, incorporó apariciones estelares como la de Jennifer Hudson o Liza Minelli, y abrió otra línea argumental con un nuevo musical, esta vez low-cost y que empieza a moverse por circuitos alternativos Off-Broadway. Aún queda la segunda mitad de la temporada por emitir, y hasta ahora sigue ofreciendo buenas canciones inéditas, puestas en escena curradas y actuaciones musicales justificadas por guión, no incluidas gratuitamente. Pero nada de esto parece ser suficiente para el público ni para la crítica, por no decir que pasa inadvertida en cuanto a premios y reconocimientos.
Tras lo expuesto anteriormente, la posible-casi-segura cancelación de Smash corrobora dos verdades para mí universales. La primera es que la fórmula del éxito no existe, triunfa lo que menos te esperas y lo que tiene todas las papeletas para hacerlo se pega el batacazo. Y la segunda es que pa' gustos, los colores. No obstante, mientras la cancelación no sea anunciada oficialmente, mantendré un hilito de esperanza. Para quienes no la hayáis visto, si os gustan los musicales y os vale de algo mi humilde opinión, os la recomiendo. Y como muestra, os dejo el tema principal de su banda sonora.

no la conocía! pues si q es raro q se haya ido al carajo...tenia buena pinta. Americanos...
ResponderEliminar