sábado, 8 de junio de 2013

Nueva casa, nueva etapa

Hoy hace una semana que me mudé a un nuevo piso. Más grande, más luminoso, exterior, con ascensor... vamos, lo que es un salto a mejor. Y aunque estoy contenta con el cambio, porque era necesario -si hubiéseis visto el tamaño del piso anterior, asentiríais con la cabeza-, tengo ese pequeño rinconcito dentro de mí en el que pienso "echaré de menos ese piso". Pero no por el piso en sí, sino en un sentido más simbólico.

Y es que cada lugar en el que vivimos conforma una etapa de nuestra vida. Sin querer, o quizás queriendo, al mudarnos ponemos fin a un capítulo y nos plantamos ante la primera página, aún en blanco, del siguiente. Eso sí, lo vivido en esa etapa anterior nos lo echamos a la mochila de nuestro bagaje personal, que es como el cerdo: se aprovecha todo, hasta los andares. Pues de nuestra experiencia vital también.

En el caso concreto del piso madrileño de alquiler que he abandonado hace unos días, el tiempo que he vivido en él ha sido uno de las más felices de mi vida, en general. Si bien empezó de manera un poco incierta por cuestiones de trabajo, justo en el momento en el que estaba a punto de empezar a empaquetar mis pertenencias para trasladarme a vivir de nuevo a mi tierra natal, Ceuta, se produjo la llamada que produjo ese giro del destino que todos esperamos: Telemadrid tenía una oferta de contratación para mi.  

Y allí estuve trabajando un año fantástico, en producción de televisión, lo que quería y para lo que había estudiado. En un programa informativo pero desenfadado -el difunto "Buenos Días, Madrid"-, cargado de conexiones en directo, que me permitió vivir experiencias que de otra manera hubiese sido muy difícil vivir, por no decir imposible (algunos ejemplos: meterme dentro de un carro de combate, estar cerca de delfines, vivir los instantes previos a un desfile de Pasarela Cibeles en el backstage, entrar en el interior de un avión en reparación en el hangar de Iberia en Barajas, ver cómo viven en el barrio marginal de El Gallinero, y un largo  etc.). Y además, tuve la oportunidad de participar en retransmisiones especiales en exteriores que poquísimas televisiones hacen en España.

Montaje del programa especial por San Isidro (mayo 2012)

Por no hablar de tanta y tanta buena gente que he conocido allí, que me han enseñado un montón de la profesión sin ellos saberlo. Algunos han llegado a ser personas realmente especiales para mi, de diversas formas, que me han marcado realmente, a los que quiero y con los que he vivido momentos únicos e irrepetibles; y el resto han sido estupendos compañeros, de los que conservaré un buen recuerdo siempre. Con todos ellos me encantaría volver a coincidir trabajando algún día.

Parte del equipo del "Buenos Días, Madrid", aunque faltan muchíiiisimos compañeros


Y tras cada jornada laboral, yo volvía a ese pisito minúsculo situado a caballo entre Chamberí y Malasaña, en el que transcurría gran parte del resto de mi vida cotidiana. No exagero al decir que entre sus paredes he experimentado casi todos los sentimientos y estados emocionales por los que puede pasar una persona: desde las lágrimas de alegría y la ilusión más pura, a la decepción, la rabia y la tristeza más gris. Además, quien me conoce sabe que no soy mucho ni de invitar a mi casa a la gente, ni de ir yo mucho a casa de los demás. Por lo que aquellos que han estado en mi casa tendrían que saber que son importantes para mi (aunque dudo que todos estén leyendo esto... una lástima).

Desgraciadamente, esa maravillosa etapa personal y profesional, como todo lo bueno, vio llegar su fin en forma de ERE brutal y desmedido. Pero tras todo chaparrón, el sol vuelve a hacer acto de presencia más tarde o más temprano. En mi caso, hace un par de meses conocí a una gente estupenda, la que forma parte de BadLand Games, con la que espero trabajar tan a gusto durante una buena y larga temporada. Principalmente, porque además de enseñarme cómo funcionan dos terrenos de los que no conozco mucho, como son el marketing y la industria de los videojuegos, me hacen reír muchísimo. Y eso es fundamental.

Y con la alegría y la esperanza que da ver a un pajarillo malherido recuperarse y remontar el vuelo, he comenzado este nuevo capítulo de mi vida en esta nueva casa. Como poco, espero ser en ella la mitad de feliz y sentirme la mitad de plena de lo que conseguí sentirme en la anterior. 

Lámina de los fantásticos Mr. Wonderful, que tengo pegada en mi nuevo armario, para verla cada día


4 comentarios:

  1. Me ha gustado mucho esta entrada Bea. Suerte en esta nueva historia de tu vida.

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  2. Es muy emotivo lo que escribes Beatriz. Me he sentido así muchas. Un abrazo de Juana de ex-conti de Telemadrid. Te felicito y te deseo lo mejor.

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  3. Muy bonito, roomie. Ojalá tengas toda la suerte del mundo en esta nueva etapa que acaba de empezar.
    Crisis

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  4. Puede que sí lo lea más gente de la que piensas...

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