jueves, 25 de julio de 2013

Héroes anónimos, marca España

Desde hace un tiempo, por culpa de esta crisis que nos asfixia a tantos niveles y con la decepción constante que ésta y todo lo que de ella se deriva nos provoca, la llamada "Marca España" se ha visto gravemente dañada. Y no sólo entre los españoles como tú y como yo, lo cual ya es triste, sino también más allá de nuestras fronteras.

Sin embargo, a menudo nos dejamos llevar -me incluyo- por el desencanto generalizado, y nos referimos a la Marca España sólo cuando hablamos de lo negativo: de los alarmantes datos de desempleo, de los dramáticos desahucios y la precaria situación en la que viven tantísimas familias, de los ERE's y despidos que sacuden tantas empresas, del doble rasero moral de los políticos, de la corrupción, de la evasión de impuestos, del amarillismo de muchos medios de comunicación, de la manipulación informativa, del enchufismo, de la discriminación por sexo, de la inmigración y la emigración, etc. Y sí, claro, todo eso conforma el retrato actual de España, desgraciadamente. A mi me pesa mucho que sea así, y es de esa parte de España de la que me avergüenzo y de la que no podría enorgullecerme jamás en la vida.

Pero hay otra parte positiva, muy positiva. No sólo la parte divertida y festiva por la que se nos conoce en el extranjero (que conste que no me refiero al turismo de borrachera, ojo), ni nuestro paisaje y nuestras costas, ni nuestra gastronomía privilegiada, ni empresas nacionales que han prosperado dentro y fuera de nuestro país, ni nuestros éxitos deportivos y artísticos, ni nuestro carácter alegre y desenfadado (por lo general). La cara positiva de la Marca España no es sólo todo eso, que no es poco. Lo mejor, y lo que habría que esforzarse en enseñar al mundo es la calidad humana de la inmensa mayoría de los ciudadanos españoles. Y no hablo del comportamiento cotidiano de la gente, que en muchas ocasiones deja bastante que desear. Sino de ese algo que nos hace click en nuestro interior cuando vemos al de al lado pasarlas canutas, y que hace que nos nazca el impulso de querer ayudar. La pena es que tenemos la fea costumbre de esperar a hacer gala de ese espíritu solidario en las peores circunstancias, cuando la tragedia nos da una bofetada de realidad.

Anoche, como todos sabréis a estas alturas, descarriló el Alvia de Renfe Madrid-Ferrol a la altura de Angrois (Santiago de Compostela). Todo lo que vino después -dejando a un lado las críticas a la cobertura que hicieron del accidente distintos medios de comunicación, que comparto- fue una ristra de muestras de solidaridad, a cada cual más emocionante. Largas colas de gente dispuesta a donar sangre en hospitales y centros de transfusión hasta colapsarlos; huelgas de bomberos desconvocadas para trabajar en el lugar del accidente; enfermeras y médicos que interrumpen sus vacaciones para regresar a sus puestos de trabajo para ayudar, o que incluso aun habiendo sido despedidos o estando desempleados acuden a echar una mano a los hospitales; hoteles y hostales cediendo habitaciones gratuitamente para aquellos que lo necesiten; vecinos de la zona ayudando a sacar heridos del interior del tren siniestrado, y bajando de sus casas mantas, agua, y lo que hiciera falta. Incluso personas que estando ingresadas, solicitaban el alta voluntaria para ceder sus camas en los hospitales, que bien necesarias eran. Y esas son las que han trascendido a los medios y redes sociales, pero seguro que hay cientos de muestras particulares anónimas.

Cola de gente para donar sangre la noche del accidente, en Santiago (fuente: Twitter @ManOnTheMoon133)

La reacción tras el accidente de ayer fue una demostración masiva de empatía, generosidad y solidaridad. Pero todos los días hay muchas por todo el territorio español. Gente que da la cara por los demás, aunque el problema no vaya con ellos directamente. Gente que se manifiesta sin descanso por multitud de causas, ya sea para protestar por algo que les afecta o por causas de interés general. Gente que acude a los desahucios de otros, para intentar frenarlos. Gente que es voluntaria en comedores y centros sociales, o que incluso se reunen en la calle para repartir comida a los demás. A toda esa gente no les agradecemos lo suficiente lo que hacen por los demás. Porque aunque hoy parezca que todas esas acciones caen en saco roto, puede que mañana sean el germen de algo aún mayor que consiga cambiar el rumbo que está llevando este país. Y entonces todos nos beneficiaremos.

(fuente: Twitter)

Anoche, en el accidente de Santiago, y cada día en su vida cotidiana, los españoles extienden su mano al de al lado si éste lo necesita. Esa es la Marca España con la que quiero quedarme. Qué lástima que sólo lo tenga en presente cuando las circunstancias nos dan la espalda.

Aprovecho para enviar desde aquí mi mensaje de ánimo y apoyo para todos los familiares de las víctimas, y mis mejores deseos para todos los heridos #ÁnimoGalicia


4 comentarios:

  1. ¡Qué bonitas palabras y qué razón tienes!

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  2. Precioso Ingrid, lleno de sensibilidad... estoy contigo, besitos preciosa.

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    1. Gracias por tu comentario, Mar. Aunque he de aclarar que el texto no es Ingrid, es mío jejeje ;-)

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